33. Gasolina Express

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Semana Santa 2009 – Alangasí – Foto Aveiga/Lofredo

La llave de paso de la gasolina estuvo en reserva desde la última vez que se le agotó el combustible unos diez kilómetros antes de llegar a Riohacha. Desde entonces tanqueó dos veces. Sin pérdidas habría recorrido unos setecientos kilómetros de Guajira. Más los paseos en camioneta. Pierde noción del tiempo transcurrido desde que los Adelantados emprendieron el retorno Sur. El cuenta kilómetros detenido desde el cruce de la frontera. Reloj y velocímetro con síndrome bipolar. Almanaque aleatorio se ajusta con premiado por Pijao de Oro. ¿Cuándo fue que conoció a Isidro al costado del camino? Un mes. Menos. No puede ser tanto. Una semana.

Cuando la Africana avisa con espasmos que se está quedando seca el viajero transita por una vía polvorosa de ripio grueso y suelto. No solitaria pero sí un poco transitada. Un rato antes se había cruzado con una camioneta cargada con bidones y campesinos. Según la hoja de ruta estaba entre la Horqueta del Cerrejón y el cruce cerca de Fonseca con la troncal sur hacia Valledupar. Pintado en letras amarrillas sobre una piedra junto al camino leyó Conejo subrayado con una flecha. La frontera con Venezuela estaría en esa dirección, hacia el Este, a unos quince kilómetros cuesta arriba por trochas que no figuran en su carta de ruta. En algun cruce poco claro debió desviarse sin necesidad.

Se detuvo en el primer parche de sombra y desmontó. Al tocar tierra sintió la queja de su rodilla derecha en un acorde de altibajos, la tuba tendón y el clarín lateral interno. Alerta amarillo patito. Toma unos sorbos de agua de la botella plástica y afloja los elásticos que sostenían el bastón de Don Amable contra el morral y las alforjas. Cuando consiguiera gasolina estrenaría el filtro socrático. Reposó la espalda contra un tronco seco y se estiró hasta sentir el reacomodo vertebral. Al fin de cuentas el camino es un modo más de pasar el tiempo y eso hacía.

Al rato, cuando empezaba a cabecear con el calor, un punto de polvo asomó por donde la via se estrechaba y se perdía en la primera curva ascendente. Una línea delgada. Tomó un rato definir la bicicleta, la figura de un hombre con sombrero, morral, un par de cajas de cartón, un machete corto y el bidón de plástico con su promesa combustible.

Podía rondear los treinta años y ser abuelo. Parecía ser de la zona. La rueda delantera estaba descentrada. El bigote tupido disimulaba su expresión. Él también habría estado midiendo al Reta mientras se acercaba: Extranjero, veterano, perdido, tanque seco, vulnerable, bajo riesgo, palo punta de lata.

Buenas tardes Señor. Buenas tardes. Una alegría verlo venir tan preciso. ¿Gasolina? Sí Señor, creo que eso es lo que necesita. Así pasa. Las distancias engañan. El hombre desmonta y apoya la bicicleta contra el árbol. A donde se llega por este camino? Al campo. El Reta de reojo repasa alrededores: capaz se distrajo y se le pasó la ciudad, el pueblo, un caserío. Ahí termina. ¿En Conejos? Sí, de ahí en adelante es monte. ¿Hay paso? El hombre mide y pesa la Africana, el equipaje y el viajero. Está difícil. Mejor dese vuelta por allá más tranquilo. ¿Cuánto puede venderme? ¿Cuánto quiere? Con cinco salgo. Le doy diez por diez. Por si acaso. Con eso me arregla, gracias.

Continúa en BeTa-21. Gasolina Express

La novela de Aparicio BeTa 1 a 21 .

~ by lofredo on September 10, 2009.

One Response to “33. Gasolina Express”

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